Las ventanas rotas de Miguel Barbosa


Por Fabián Sifuentes

Luis Miguel Gerónimo Barbosa es sin duda un político atípico. Todos vemos al hombre tosco, terco, de groseras expresiones que no procura cuidar la mayoría de las veces ni la más mínima regla social; pero desde mi punto de vista también comulga el político en toda la extensión de la palabra, con sentido de oportunidad, concienzudo y calculador; esto último es lo que más me hace estar alerta de Gerónimo. Es un hombre que no recula, porque calcula.
Desde el desafortunado comentario en Huejotzingo referente al lamentable hecho en el que murieron la gobernadora Martha Érika Alonso y el senador Rafael Moreno Valle, la opinión pública se le fue encima; no hay manera en la que un gobernador relacione la muerte de cinco personas como consecuencia de haberle ganado una elección.
Pero él se escondió dos días sin declaraciones públicas y cuando por fin asomó la cabeza fue para decir a los que pedimos una disculpa que nos quedáramos sentados, porque eso no iba a suceder. Y tuvo razón. No sucedió y nos quedamos en espera.
Los criminólogos ocupan una teoría llamada “las ventanas rotas”, en la que se explica que si una persona daña un edificio abandonado otra será tentada a seguir su ejemplo y así sucesivamente hasta convertirlo en un inmueble delictivo. Quienes no participan en este práctica formarán parte de una minoría, inhibida por la conducta de la mayoría.
Gerónimo aventó la piedra en Huejotzingo y por eso la inmensa mayoría rechazó y condenó tal bajeza. Él aventó la piedra y seguirá haciéndolo hasta que alguien o algunos lo secunden y normalicen las declaraciones de odio como sinónimo de honestidad.
Esto es de lo que más se precia el presidente de la República, de honesto. Pero la honestidad para ellos es una herramienta, más no el fin, y tenemos que prestar especial atención cuando se jacten de ello porque es ahí donde esconden sus intenciones.
Construir una sociedad sin rencor debería estar en la agenda pública, puesto que todos los días existen personas que aún no comprenden el motivo de su pobreza material; por qué no pueden estudiar o por qué no tienen para hacer sus tres comidas diarias; padres y madres de familia que cubren listas de útiles hasta pasado el inicio de cursos; niños y niñas que se ven en la necesidad de trabajar para solventar sus propios gastos. Ellos están ocupados intentando sobrevivir, no están preocupados por la agenda política, pero cuando alguien llega y les explica que su miseria es producto de la corrupción, del saqueo de los neoliberales, cava el canalito por el que todas las emociones de desesperanza corren y llegan a una jornada electoral en el mejor de los casos y a la violencia en el peor.
Por eso Barbosa avienta la piedra, quién sabe qué corazones mueva su infamia, pero sabe que tendrá receptores y esta es la peor parte a posteori de su declaración.
Aclaro que no es condicionante encontrarse en situación de vulnerabilidad material y económica para ser receptor de su mensaje, en realidad quien se sienta agraviado por la ex Gobernadora o el ex Gobernador es propenso de ser receptor. Lamentablemente tenemos una inmensa cantidad de poblanos en condiciones miserables, que siguen luchando por salir adelante, su público son ellos.
La solución radica en no sólo denunciar la injusticia sino en formar parte de las soluciones, ni Andrés Manuel ni Barbosa serán los responsables de que persista una sociedad viciada por la desigualdad, seremos nosotros. Mientras en tu colonia o municipio exista quien se muera de hambre los responsables seremos nosotros, porque nos han enseñado a tener derechos, pero no obligaciones y la ciudadanía es una cosa complementaria, la comunidad es un sentido humano y de pertenencia, y es nuestra obligación hacer comunidad, preocuparnos por la necesidad del otro, y en la medida de nuestras posibilidades subsidiar al prójimo. No hacen falta millones, sólo voluntad y sentido humano. Mientras esto no suceda, el número de receptores de los mensajes de odio seguirá incrementado y los culpables también.
El edificio tiene varias ventanas rotas, pero todavía no entran a destruirlo, es tiempo de Acción.