Las prácticas neoliberales del gobierno de AMLO.

 

Por Humberto Aguilar Coronado

Parece bastante evidente que el Presidente de la República considera al “neoliberalismo” uno de sus enemigos favoritos; además, a partir de su premisa de que los gobiernos que lo precedieron fueron paladines de esa teoría económica, ese enemigo favorito le permite culpar al pasado de la gran parte de los males de la sociedad.

En su mensaje de toma de posesión, el Presidente hizo un recuento de los daños causados a la economía de los mexicanos por las políticas que él atribuye al Neoliberalismo que, en resumen, se refieren a dos indicadores que tienen pleno soporte en la realidad: el bajo crecimiento económico de las últimas décadas (crecimientos sostenidos de 2% que impiden atender las necesidades de los grupos de población que se incorporan al mercado laboral) y la excesiva concentración de la riqueza (que permite fenómenos como el reportado por Oxfam según el cual dos personas poseían el equivalente a la riqueza de sesenta millones de mexicanos).

Lo que es cierto es que el discurso de denostación del neoliberalismo en México tiene una alta resonancia pues es una manera de simplificar la explicación de realidades que viven millones de mexicanos. Por ejemplo, según Jaramillo Molina , durante el periodo 1988 a 2008, las clases bajas y medias en México vieron cómo disminuían sus ingresos reales pues los incrementos eran menores que la inflación y, además, vieron cómo en otros países con realidades de desigualdad semejantes, sus pares lograron que sus ingresos crecieran. En el otro extremo, en el periodo objeto de análisis, el quintil más rico de México creció sus ingresos trece veces más que las personas en el mismo nivel de riqueza en otros países.

Lo que queda claro es que las cifras indican que el modelo neoliberal fracasó rotundamente en los objetivos centrales del Estado consistentes en reducir la pobreza y cerrar la brecha de desigualdad.

Podemos decir que las bases del sistema neoliberal giran en torno a dos ejes fundamentales: la restricción monetaria y el déficit financiero cero de las finanzas públicas.

El Consenso de Washington predicaba, en términos generales, la lucha contra el déficit público por la vía de reducción del gasto, las reformas para reducir la progresividad impositiva, la privatización de empresas públicas, la liberalización del comercio y de los mercados de capitales a nivel internacional, la minimización de las condiciones a la entrada de inversión extranjera directa y la desregulación de los mercados laborales internos, entre otras.

Pues bien, muchas de las más controvertidas decisiones del Gobierno Federal pueden identificarse claramente con la ratio más propia del neoliberalismo. Sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que el Presidente de la República ha adoptado políticas neoliberales para atender diversos temas en los que pretende controlar el gasto público.

Una de esas medidas, que generó un amplísimo debate social, fue la de restringir el gasto destinado a las estancias infantiles y entregar los recursos a los padres de familia para que, con plena libertad, ellos decidieran en qué gastar esos recursos y a qué institución confiar a sus hijos.

Otra medida que fue fuertemente criticada, fue la asignación a Banco Azteca, empresa propiedad de Ricardo Salinas, del contrato para distribuir las tarjetas mediante las que se entregarán programas sociales.

Sin duda, esta decisión replica las prácticas más criticadas por el actual Presidente de México y reproducen las tácticas del llamado “capitalismo de cuates a la mexicana” que es uno de los productos más significativos del neoliberalismo mexicano.

Incuestionablemente, la medida más agresiva y más criticada del gobierno ha sido la criminal reducción de los presupuestos del sector salud. No tenemos elementos objetivos que permitan saber cuántas vidas se perdieron por falta de insumos médicos, de recursos hospitalarios o de profesionales de la salud en los meses transcurridos de esta administración. Pero todos fuimos testigos de la valiente reacción del gremio médico para reclamar la inhumanidad de la medida.

Esta decisión, se adecua perfectamente al modelo neoliberal al pretender reducir el gasto para poder financiar otros programas sin incurrir en déficit de las finanzas públicas.

Por otra parte, la medida más neoliberal de las adoptadas hasta ahora por el Gobierno de México tiene que ver con la promesa de campaña de no más impuestos y no más deuda.

En el fondo, esta decisión de gobierno, amén de significar un triste desperdicio de capital político que debe ser reprochado a Andrés Manuel López Obrador, es un reflejo fiel de la tesis neoliberal de reducir la progresividad impositiva que generaría mayores fortalezas en el sector privado para convertirse en el impulsor de la economía.

En conclusión, pareciera que el discurso anti neoliberalismo del Presidente sólo es retórica. No está dispuesto a acometer la transformación fiscal que México requiere y que su capital político podría permitirle. Prefiere conservar las prácticas que antaño criticó con el probable objetivo de garantizar el menor desgaste posible para mantener la posición competitiva de MORENA en el futuro electoral.

En este escenario, Acción Nacional vuelve a ser llamado a la acción. Es urgente que definamos una alternativa a la conducción económica de México para que renuncie de forma definitiva al modelo que profundizó la pobreza y la desigualdad, pero que de niegue a fingir que todo cambia para que nada se mueva.

Acción Nacional debe, tan pronto como sea posible, presentar un programa económico que combine capitalismo y humanismo.

1 Oxfam es una confederación internacional formada por 17 organizaciones no gubernamentales nacionales que realizan labores humanitarias en 90 países.
2 Jaramillo Molina, Máximo Ernesto. Lo que el neoliberalismo nos dejó. Nexos. Economía y Sociedad. Visible en https://economia.nexos.com.mx/?p=2034